De estudiantes, cacerolazos y memoria histórica

¿Las cacerolas generan educación gratuita, cambian consituciones o derrocan Gobiernos? No, pero todos y todas lo sabíamos. Y muchos de los que ahí estaban no lo hacían por eso, o no sólo por eso. Lo hacíamos porque la convocatoria improvisada hecha a media-tarde apeló precisamente a esa memoria histórica colectiva. A ese cúmulo de experiencias que -como saberes- se acumulan en nuestro interior aunque en nuestro exterior parezcamos, a veces, sometidos, alienados, profundamente silenciosos. De una forma u otra, muchos volvían a estar en 1983, en ese 11 de Mayo en que, después de una convocatoria realizada por la Confederación de Trabajadores del Cobre, decenas de poblaciones a lo largo del país esperaron el silencio cómplice de la noche para romper la frontera de lo comunitario (donde se habían refugiado durante 10 años “regenerando el tejido social” a partir de colonias urbanas, ollas comunes, “Comprando Juntos”, Navidades Populares, Comunidades Cristianas de Base, Bolsas de cesantes y un largo etcétera) para volver a aparecer en el espacio público y en la escena política, sólo que ahora no en “las grandes Alamedas” -controladas por los militares-, sino en las “Alamedas locales”, en sus esquinas, en sus calles principales.

En ese sentido, lo vivido ayer en los cacerolazos es auspicioso principalmente porque este gesto colectivo fue un revival popular -en pleno siglo XXI- de aquellas jornadas de los ’80 y, junto con ello, un espacio de reconstrucción de dicha memoria, generando una puerta de entrada a ella y permitiendo así la posibilidad de, en el mediano plazo, reactivar antiguos “repertorios de acción colectiva” y dar pie para la invención de otros nuevos. Cuántos de los que caceroleaban ayer no habían participado en ninguna acción colectiva en los últimos 20 años? Es difícil precisarlo, pero a mi parecer pueden ser muchos. Como decía un amigo: “En la mañana los niños salieron a pelear por su pueblo, ahora en la noche, el pueblo pelea por sus niños”. Convocatorias donde la manera de manifestarse sepa construirse sobre lo que ya hemos sido y hecho colectivamente; ajustándose a los nuevos contextos, claro está, pero sin perder esa autonomía y sin volver a cerrar estas ventanas a nuestra propia memoria que son el suelo fértil desde el cuál se levantará, después de la protesta -o junto con ella- la propuesta. Lo seguro es que -parafraseando a los zapatistas- cuando amaine esta tormenta, este país ya no será el mismo, sino algo mucho mejor.

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About Giorgio Bertini

Director at Learning Change Project - Research on society, culture, art, neuroscience, cognition, critical thinking, intelligence, creativity, autopoiesis, self-organization, rhizomes, complexity, systems, networks, leadership, sustainability, thinkers, futures ++
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